Ezequiel | Activity Streams « Alanis Morissette
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    LUJO DEL TIEMPO: RETIRO RE-DEFINIDO
    Hasta donde puedo recordar, hubo dos cosas que me martillaban la cabeza:
    1. No eres nada a no ser que seas productivo.
    2. No eres nada a no ser que seas visto como exitoso y emprendedor por los ojos del mundo.
    Mirando mi vida hasta ahora, veo los grandes regalos fundidos en estas dos creencias aleatorias y tiránicas, que me he recibido. Este régimen de “trabaja o no eres nadieâ€, sin embargo, requería el pasar por alto ciertos lujos: el lujo de la recreación. El lujo de la paz. El lujo de dejarme guiar por la intuición. El lujo de surfear y el lujo de fantasear sin la voz de lo que has HECHO últimamente entre como música ambiental malévola en un ascensor a toda velocidad hacia una reunión de workaholics anónimos en la base de mi cabeza.
    Y así es con este conocimiento de todas las tribulaciones y regalos subsecuentes que llegaron de este enfoque de la vida resuelto, que camino a toda máquina hacia mi temprano retiro. Ah. Incluso mientras lo escribo mi esfínter se suelta. Aunque debo matizarlo al decir que lo que estoy describiendo es mi sexto retiro. Ha habido otros. El primero duró solamente un par de meses antes de que el mensaje incansable de la sociedad de “Más grande-Mejor-Más rápido†ponga sus dientes en mi calendario.
    Mi primer retiro fue luego de la gira que vino luego del lanzamiento de mi primer disco Jagged Little Pill. Estaba agotada y sobrecargada y en la mitad de la más bendecida crisis, según recuerdo. Siempre he tenido imágenes en mi cabeza de hacia dónde me estaba moviendo, ya sea si estaba imaginándome en el estudio, o de gira, o escribiendo, o viajando o cumpliendo de alguna manera. Estas imágenes mentales proféticas me guiaron como un padre lo haría a su hijo a través de una calle llena de gente y llegué a confiar en ellas. Pero en aquél entonces, siguiendo al atragantamiento de la verdad de mi “No-Más-Anónima-En-La-Medida-Que-Solía-Serloâ€, las imágenes desaparecieron. Se pintaron de negro. No hubo más visiones de mi futuro entonces. No más fotos de mí en Estambul. No más fotos de mí en el estudio (una vacante particularmente de terror en mi imaginación mientras mi inspiración para escribir era una cosa a la que siempre recurría cuando la mierda golpeaba a ciertos fans). Ninguna foto de mí con chicos o maridos o en aventuras.
    Y el sonido de mi parada era más fuerte que cualquier mezcla que había tenido en mis oídos en el escenario.
    Recuerdo preguntarle a mi amiga en ese entonces si podía ser una indicación de que era mi turno de morir.
    Porque pensaba que, sin imágenes=muerte.
    Continué la búsqueda en la única dirección que me quedaba: hacia adentro.
    Cuestioné lo que era dios para mí, quien era yo, por qué me sentía constantemente en dirección a matarme a trabajar. Sabía que se me venía una nueva forma de vivir –una que requería que yo saltara un precipicio con ninguna garantía de que no hubiera un aterrizaje mortal. Para mi sorpresa, descubrí que se trataba de un salto-con-vuelo-exquisito fascinante: lleno de aventuras desconocidas y aun así sin probar…
    Cuanto más me enfocaba en qué liberador el no saber dónde estaba yendo podía ser, más me daba cuenta de qué tan llena de miedo y desleal había sido una vez.
    Profundo dentro de mi primer retiro, me introduje en este lujo de tiempo. Y qué hice con él? Lo estiré, conceptual y literalmente. Escribí una lista de todas las cosas que quería hacer para recuperar el tiempo perdido:
    Aprendí a hacer snowboard.
    Fumé un par de porros e hice setas en el bosque.
    Leí ficción (imagínense!).
    Leí todos los libros de toma de consciencia que tuve en mis manos.
    Conocí nuevas personas.
    Nutrí amistades que estaban con telarañas y había olvidado.
    Me reintroduje en mi familia.
    Rompí con mi novio.
    Me fui a la India.
    Decoré mi casa.
    Declaré que nunca escribiría otra canción. (La reacción de mi amigo Tim a esta declaración fue genial. “vayamos a comerâ€. Su reacción me cambió la vida y escribí una canción esa noche, de acuerdo a la ley No-Deberías-Significa-Que-Quizás-En-Esta-Libertad-Tú-Puedas).
    Me ofrecí de voluntaria en orfanatos y en los bancos de alimentos y actué en beneficios. (Antes de mi tercer retiro, del cual no hay mucho tiempo por el cual escribir, me di cuenta de que la regla tiránica había pasado de “no vales nada a no ser que trabajes†a “no vales nada a no ser que contribuyas†– misma correa, diferente mano. Continúa luego.)
    Comencé a dominar el arte de seguir las señales estomacales de uno: ya sea que me dirijan a sentarme cerca del océano o envíe a alguien que he querido un gran cheque o una carta de amor. Llegué a disfrutar de la libertad de caer y la felicidad del efecto de decir “noâ€. Y me di cuenta de lo que es realmente el tiempo: una sucesión de momentos de ahora. Todo eso de vivir en el futuro, y todos esos pensamientos del pasado habían sido los verdaderos ladrones de este lujo de tiempo. Mi incapacidad de ver una flor camino a casa (que ahora me para en seco) o los delfines que juegan en frente de mi balcón era el auténtico negador del placer.
    Ahora me estoy transformando en lo que había imaginado como es la gente mayor: alguien que está encantado y tocado por los tejemanejes rutinarios y gloriosos de un día típico. Ahora me doy cuenta de que retirarse no significa el fin de la producción, el fin de la expresión, o la inercia de contribución, sino que significa el comienzo de estas mismas cosas, expresadas desde un lugar de inspiración en vez de obligación, falta y deber. Ahora veo al retiro como un estado de la mente, y mi nivel de voluntad para entregarle se ha convertido en mi indicador de cuán repleta estoy de fe.
    Un indicador de mi fe en libertad y abundancia.
    Y fe en una vida guiada por la panza! SI! Puta madre si me equivoco pero así es como preferiría vivir. Este es el lugar desde donde prefiero tomar mis decisiones. Es un lujo que ningún otro, en mi opinión, puede acercarse. Uno que no requiere la productividad sin parar, y sólo requiere una cosa: un compromiso auténtico e implacable con la verdad y la paz. Y así está en esta nota que camino hacia mi 6to retiro, moviéndome siempre hacia adelante a un tiempo donde mis palabras puedan llevarse y donde la continuidad de ser gastado y la dilación-estancamiento se encuentran deliberadamente en el medio.